Cuantas veces me he hecho esa pregunta, supongo que no menos que ustedes. Cada vez que visito un nuevo restaurante intento averiguar en que destaca, que lo diferencia, que es lo que hace mejor; una búsqueda del factor sobresaliente que pudiera dar como resultado la fórmula de la excelencia. Quizás sea la extraordinaria cocina, el inmejorable servicio, la buena ubicación del local, la acertada decoración, pero a veces descubro que el verdadero valor se respira en el ambiente. Hace tiempo visité un restaurante que trata a sus clientes como invitados. En otra ocasión,visité un local que trata a sus clientes como amigos. El camarero, tras la barra se mostraba muy cercano a todo aquel que cruzaba el umbral de su puerta. Me sorprendió su carácter afable, su elevado espíritu de servicio. Era un local que destacaba por su campechanía.
Montar un restaurante, como cualquier empresa supone un riesgo. En ocasiones, nos esforzamos haciendo números, descubriendo tendencias, nichos de mercado, ubicaciones extraordinarias, nombres originales, locales maravillosos y aun así la formula falla.
Y nos preguntamos por qué, cuando hemos hecho todo bien…
Sin embargo, este restaurante del estilo amigo, del que sospecho que muchos estudios y planes de marketing no hizo previos a su apertura, centrados únicamente en que el cliente salga satisfecho del local, en su amplio significado, teniendo en cuenta todos los aspectos que implica la satisfacción del cliente partiendo desde lo general a lo concreto hasta el punto de llegar a establecer una relación natural de cliente – amigo, funciona y muy bien. Un menú más o menos cerrado de primera calidad, abundante y a buen precio, un local sin pretensiones decorativas, que se presenta al cliente tal cual es, sin amagos, y un entrañable servicio, es la fórmula de la excelencia que tiene como factor sobresaliente su generosidad. Sé que sobre el concepto de satisfacción al cliente, se ha dicho todo lo que se tenía que decir, por esa misma razón ha perdido peso. En el mundo empresarial hay conceptos que se repiten hasta la saciedad como pauta, como acción de la propia estrategia: punto de un esquema que resume la rentabilidad del negocio. Difuminado queda su valor sino se desprende de la presión del beneficio, concepto al que se le ha puesto etiqueta y precio. No obstante es un pensamiento transversal, capaz de impulsar todos los aspectos que engloba un negocio de restauración y conseguir que se ejecuten de forma extraordinaria, coherentes a nuestra idea de negocio, a nuestra filosofía como restauradores: que la satisfacción del cliente no tenga precio. Creo que más o menos esta sería la naturaleza del restaurante.
A nosotros se nos paga por satisfacer al cliente con una experiencia gastronómica, por hacer que aquella persona disfrute durante unas horas en nuestro local, conseguir que salga contento debería ser nuestro objetivo, el cual no tiene menos valor por el simple hecho de pagar.
Saber “cómo manejar un restaurante” no es suficiente para montar uno.
ResponderEliminarMucha gente que abre un restaurante no entiende completamente el papel que debe desempeñar como dueño...me explico:
Vamos a tomar como ejemplo a un cocinero que abre una cafetería o a un encargado de restaurante que junta un dinero y crea su propio negocio. Están convencidos de que porque saben “cómo funciona un restaurante”, saben construir un negocio exitoso. Esto no podía estar más alejado de la verdad y es el error fatal detrás de la falta de éxito en muchos restaurantes.
Si el dueño pasa todo su tiempo manejando el restaurante, pasará por alto o no prestará el tiempo y la atención adecuados a las cosas necesarias para manejar otros aspectos igualmente importantes de la operación.
Cuanto más un restaurante dependa del dueño, el trabajo de éste se enfocará en los detalles operacionales del restaurante, haciendo mayor el riesgo a fallar.
Cuando el dueño no puede separarse de las actividades diarias del manejo del restaurante, generalmente no podrá hacer esas cosas necesarias para hacer caminar el negocio....Es decir: el negocio se hace dependiente...
Como esto me pasó a mi, he llegado a la conclusión de que si no eres capaz de venderle una nevera a un esquimal en el polo norte, dificilmente podrás sacar un negocio adelante a no ser que hagas como tu suegro.
Si volviese a montar un restaurante, cosa que no va a suceder, tendría en cuenta varias cosas: definiria su estilo, investigaría el mercado, determinaría el objetivo al que querría llegar, tendría un menú pequeño, buscaría una buena ubicación a ser posible con aparcamientos, buscaría una pequeña inversión pero sin escatimar en gastos a la hora de decorar, buenos presupuestos, productos frescos y un cocinero que se adapte a mis necesidades y no al revés, limpieza, paciencia, dedicación, higiene y le prendería una velita a la Virgen de Candelaria "pa" sacar los números adelante los primeros años.
Total: búscate un tío con perras que te monte el restaurante y dejate de hostias y de inventar.
No vas desencaminado. así es como se debe de hacer. Hay que aprender a delegar y no tratar, normalmente por desconfianza,de hacerlo todo tú. Delegando, a cada uno sus responsabilidades. Tú como dueño marcas las pautas a los profesionales, al cocinero la idea que tienes de menus y que se busque la vida para darte la solución con arreglo a la pauta que tu le marques. Al jefe de servicio que se encargue de que los clientes salgan satisfechos por el servicio y las atenciones prestadas. Que pa eso les pagas
ResponderEliminar